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La heroicidad de lo finito: Kurosawa y Miyazaki

Escrito por Ademir / 29 de septiembre de 2008

Estos dos gigantes creativos japoneses, Hayao Miyazaki y Akira Kurosawa , coinciden en una profunda intuición, presente en toda la trayectoria de sus vastas obras: el infinito es accesible al limitado existente, aún siquiera tan sólo por el ímpetu ilimitado de su humanidad.

Toshiro Mifune encarno en muchas oportunidades, en varias de las mejores las cintas del cineasta Akira Kurosawa, a un cierto héroe sólido y sincero, a veces cinico y desengañado, a veces intenso y grave, a veces atormentado y delirante.

La noble fuerza de Yojimbo

Piénsese por ejemplo al vagabundo disfrazado de samurái Kikuchiyo de Los Siete Samurais(1954); al médico Akahige, en Red Beard (1965); al astuto samurái Sanjuro Kuwabatake en Yojimbo (1961), entre varios otros. Pero en cada uno de ellos, una conciencia de lo trágico de la condición humana, arrojada a un ámbito de violentas pasiones y sinrazón, es sublimada por un viril sentido de la heroicidad que torna trascendente y prometeico el empeño en ser bueno y valiente, a pesar del absurdo de simplemente ser. Finito que se torna inconmensurable por el único empeño de sí.

La indomable inocencia de Mononoke

De la misma manera Hayao Miyazaki en prácticamente la totalidad de sus obras de anime, nos ofrece a la misma heroína, un ser integro y limite, entre lo mundano y lo celestial: muchas veces de lleno en la adolescencia, como simbolizando su talante profundo de criatura intercesora entre lo eterno y lo mortal: como Nausicaa, forjando entendimientos entre los últimos humanos de un mundo germinal y los colosales insectos herederos del porvenir; como Satsuki entablando contacto con el fantástico Totoro, a la vez que ha de enfrentarse a la inminencia de su pubertad en puerta, como San la princesa Mononoke, defendiendo con fiereza la vitalidad hermética de su ambiente encantado de naturaleza efervescente.

Las protagonanistas de Miyazaki pugnan siempre por ser portavoces, en su heroicidad de la voz que da morada al ser verdadero del mundo, y resguardan en su corazón el valioso silencio que fundamenta el sentido de la realidad.

El arte de los dos maestros

Miyazaki y Kurosawa: ambos comparten una sensibilidad extraordinaria para interpretar la voluntad inconmensurable del alma humana, cada una de sus realizaciones es una oda al empeño humano por existir a pesar de padecer la fractura irremediable son toda trascendencia. Sin embargo sus personajes son ejemplares y enorgullecedores, no por triunfar en cada una de sus problemáticas, dentro de las intensas tramas de sus cintas, sino porque son capaces de vencer sus propias limitaciones para superarse únicamente por ser más, para los otros.

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