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La filosofía del fin del mundo: Neon Genesis Evangelion (IV)

Escrito por Ademir / 12 de septiembre de 2008

Una nueva entrega de la lectura filosófica de la serie de anime Neon Genesis Evangelion (1995), que les hemos venido presentando. Ahora toca el turno de tratar acerca del alma de este mundo en su definitivo final: heroico y trágico hasta en sus postreros momentos, simbolizado en el personaje de Asuka Langley Soryu.

Asuka Langley, joven alemana, fue la segunda elegida para pilotear una unidad Eva. Ella desde niña siempre se sintió obligada a ir más allá de sí; a exponer ante los demás una imagen de volcánica extroversión y gran fuerza vital, transformadora de su entorno. Obligada a ser la mejor en todo lo que emprendiera, Asuka se hizo certera, temperamental, hermosa y propositiva: una pequeña valkiria de fuego (que eclosionará en su última batalla, tan wagneriana, aún en la derrota) asertiva y brillante.

Asuka Langley Soryu: los apolíneos sueños de Dionisos

Ella expone mejor que nadie, dentro del abigarrado mosaico de ideas en discursos, que componen Evangelion, el pensamiento del enorme filósofo teutón Friedrich Nietzsche. Asuka , en términos del autor del Origen de la Tragedia, es la manifestación del impulso apolíneo de creación de belleza y heroicidad. Y a la vez ese talante propio del radiante dios Apolo, no es sino la sublimación de la tremenda intuición dionisiaca, del primigenio y sordo dolor que fundamenta el mundo.

Así Asuka, cuando en cierta ocasión de su infancia se disponía a dar a su madre la noticia de su aceptación por parte de las autoridades de Nerv, para ser ingresada en sus filas como piloto de un Evangelion, halló a su progenitora colgando del techo de su fría habitación, como consecuencia de un ataque de locura (muy propio de Dionisos y su mantis divina de delirios).

Hasta en sus últimos momentos, ya inmersa en la demencia, la madre de Asuka estaba convencida de que su verdadera hija era una siniestra muñeca de trapo, que permanecía tumbada en un rincón. Asuka nunca pudo superar este trágico acontecimiento. El mutismo irónico y fantasmal de aquella muñeca la persiguió desde entonces. Así como todo el impulso del pensamiento griego, acaso el de Occidente entero, no habrá sido sino un apolíneo afán por paliar la deslumbradora fractura de la verdad dionisiaca: el verdadero nombre del mundo, su secreto, es la nada ( y los Ángeles son sus emisarios).

A la postre, cuando todo sea transmutado, y sólo quede ya en una dimensión (interior) primordial, un mar de metal derretido, el rostro de una deidad derrumbado en el horizonte, y el vacío en donde pasado y futuro se anudan; el ser-para –si Shinji Ikari; la pulsión de muerte, Rei fantasmal levitando sobre la faz de las aguas; y Asuka, la pulsión de vida (fertilidad), prevalecerán para toda la eternidad de un mundo sin tiempos.

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