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El sortilegio mítico de Los Caballeros del Zodiaco

Escrito por Ademir / 7 de octubre de 2008

¿Qué es lo que ha convertido a esta saga en una de las favoritas de toda la historia del anime? Sin duda que el mismo Masami Kurumada nunca espero gozar del éxito que su creación ha conseguido, pero es que en última instancia, las aventuras de Seiya y sus compañeros apunta al espíritu mítico del ser humano, que nunca se ha ido, y que de vez despierta para encantar la vida con un aura de atavismo y reconocimiento de lo primordial.

Al cielo por asalto

La empresa de conquistar el cielo, la de combatir y derrocar a los dioses mismos, nos remite a tiempos inmemoriales, cuando la realidad era un entramado de hechos, fantasías, ideales y conocimientos: cada cosa era un signo, una alusión, una cifra; el mundo estaba sobrecargado de sentido, no era un ámbito cerrado y confinante sino, más bien, un lugar de confluencia de varias dimensiones, algunas malignas, otras de paz y sosiego; pero siempre diferentes, inconmensurables e incesantes. El infinito no era una barrera para el existir, sino su principal motor y condición de posibilidad.

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El héroe y los dioses

Así entonces Saint Seiya nos recuerda en sus esforzados avatares, tanto la nobleza de espíritu de Amadis de Gaula, como el tesón bravío de los titanes enfrentándose al gran Zeus; tanto la gallardía cortés de un Orlando sereno, como la belicosidad indomable y decidida de Oto y Efialtes apilando montañas para tomar bajo su control al Olimpo entero. Porque su tentativa siempre es un ir más allá de lo meramente humano, pero paradójicamente, asumiendo dolorosamente todas las pesadumbres y calamidades de su condición carnal.

En cada batalla es sometido a toda clase de heridas, impactos, descargas, laceraciones: su cuerpo suda, sangra, se estremece. La insoportable persistencia del ser humano en aras de trascenderse. Es el empeño inexplicable de la materia en continuar aunque fuese sin fundamento, sin justificación alguna; el empeño penoso, pero fuerte y más que nada digno, que Spinoza bien supo ver como la esencia definitoria de todas las cosas.

Saori: el oculto motivo del mundo

¿Y cómo consigue a final de cuentas sus victorias Seiya, más allá del empeño de los demás santos-caballeros? Sorprendentemente, lo que sigue al final de todo el tortuoso camino de lo humano es la otredad; y en los combates entre los caballeros de bronce y sus adversarios, se expone a través de encarnar la enigmática presencia de lo silvestre, el alma de lo natural: el nahual mesoamericano, la tona náhuatl; ser alteridad manifiesta, feroz, desencadenada. Porque finalmente todo es producido por el anhelo de una hermosa y grave diosa-fertilidad: el núbil ondular de los cabellos de la princesa Saori-Atena, también puede leerse como el llamado, la atracción hacia la meta, la presea motivadora de una contienda-ritual atávica en aras de la procreación plena, de hacerse con la supremacía de lo viril, ganándose a la hembra virginal por encima de los demás competidores.

Saint Seiya es un concilio de nociones que van desde lo caballeresco hasta lo primordial: una trayectoria de iniciación desde la pubertad hasta la victoria sobre lo divino, engrandeciendo lo humano perenne, que nunca se va y que sólo cambia de apariencia, de armadura, en la existencia profunda de los hombres: sus alados sueños de pegaso, rumbo a la máxima gloria.

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