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Akira, de Katsuhiro Otomo: de héroes y de superhombres

Escrito por Ademir / 20 de agosto de 2008

La cinta de animación Akira(1988) del celebrado artista Katsuhiro Otomo, basado en un manga homónimo de su misma autoría, fue sin duda un parteaguas en la historia del anime, por obra de su perfecta (y costosa) manufactura; y además por la madurez y profundidad de sus múltiples temáticas.

En lo que sigue, ensayaremos un poco acerca de este último aspecto.

La trama de Akira

En un futuro postapocaliptico, decadente y devastado, tribus de salvajes motorizados deambulan por NeoTokio causando caos y vandalismo, confundidas con grupos de lucha guerrillera clandestina que combaten fieramente a un gobierno brutal y represor. En ese marco el joven pandillero Tetsuo, celoso de la bravura y eficacia de su gran amigo y líder Kaneda, conoce a unos extraños niños avejentados. Pronto ciertas circunstancias le harán obtener unos extraños poderes que lo transformarán en un furioso superhombre primero, y luego en un ser deforme y gigantesco.

A la vez los niños ancianos, las fuerzas militares, el valiente Kaneda y la chica rebelde kai, intentarán detener el fin del mundo, provocado por el furor destructivo del mutante Tetsuo. Y la presencia inasible del trascendente Akira presenciándolo todo en un tiempo sin tiempo.

Nietzsche: Teseo y Ariadna

Podemos aquí ahora recordar el tratamiento filosófico de Nietzsche, acerca del popular y mistérico mito de Teseo, Ariadna, Dionisos y el Minotauro. Enamorada del héroe ateniense Teseo, la princesa cretense Ariadna lo ayuda a vencer a su terrible hermano, el monstruo Minotauro; y a le proporciona una estrategia para encontrar una salida del intrincado Laberinto en cuyo centro moraba la bestia; una arquitectura demencial ideada por el polifacético Dédalo.

Sin embargo, pronto Ariadna es abandonada por el héroe Teseo, y la deja abrumada de dolor y de pena. Justo cuando Ariadna piensa ya en el suicidio, irrumpe el joven dios, Dionisos, numen de la embria juez artística y del éxtasis.

Kaneda y Tetsuo: destino y eternidad

Podemos entonces identificar en Tetsuo una singular combinación de Minotauro- Dionisos, divino-extático-brutal, en una grotesca y literal ejemplificación del superhombre. Tetsuo es una trágica figura- en el intenso sentido nietzscheano del término- que trasciende su propia condición de ser humano, a fin de poder transmutarlo todo, siendo en todo. Kaneda por su parte es el héroe Teseo- una versión moderna, atractiva y antológica: con su fabulosa (fálica) bazuka y su célebre motocicleta roja (tecnología)- buscando afirmarse en su yo, separado del mundo.

Kaneda-Teseo, es la subjetividad (científico-lógica) que desde siempre a tratado de ser, por encima de todo, dominando todo. En esta colosal contienda, aparentemente triunfa el héroe Kaneda, sobre el ultrahombre Tetsuo- pues es quien rescata a Ariadna-Kai- ya que Tetsuo mismo ultimó a su propia princesa- y Otomo pareciera decirnos que la realidad es de quien se autoafirma, se nombra, delimitándose del mundo y sus silencios; pero la simbólica y abierta figura del niño sabio Akira (recuerdo de cierta noción de Heráclito y de Lao Tse, a comparación de los ancianos niños malogrados, burdos intentos de equipararla) al final decide que la verdadera victoria es de quien de trasciende a sí, Tetsuo- Dionisos en este caso, y se sumerge en el silencioso misterio del mundo, más allá de toda palabra enunciada.

Proclamar “Yo soy Tetsuo”, es como decir “Yo soy el que soy”, una tautología límite, que alude a la trascendencia absoluta, es decir, aquel que ha superado al destino mismo- al tiempo- por amor y empeño hacia los confines de la eternidad- lo que motiva lo temporal. Ciertamente Akira, de Katsuhiro Otomo, es una obra maestra por su hondura temática, e inagotable riqueza hermenéutica.

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